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En
memoria de mi esposo Mario Gastón Ocampo Carrasco q.e.p.d.
El
22 de Febrero de 2002 perdí a mi recordado y querido esposo por culpa de unos
malos médicos. A personajes como estos deberían retirarles la licencia, ya que
son un peligro social. Creen que esta licencia les da derecho a decidir sobre la
vida de sus pacientes. Con mi marido esto es lo que hicieron: decidieron que debía
morir y a pesar de mi lucha de que no lo hicieran, consiguieron su propósito.
Deberían
estar en prisión ya que han cometido el peor de los delitos y sin embargo
siguen ejerciendo su profesión sin ningún tipo de remordimiento y además con
el beneplácito del centro, el Hospital Clínic de Barcelona. Nunca olvidaré a
las personas que hicieron sufrir y provocaron la muerte de mi marido, pero ellos
tampoco se van a olvidar de mí. Siempre que yo pueda les seguiré recordando
estos hechos.
Mi
marido q.e.p.d. sufrió verdaderas torturas físicas y psicológicas. Mi hijo
David y yo sufrimos amenazas y malos tratos por parte del servicio de Oncología.
Cuando
pasaban con el carro de la comida las auxiliares pasaban de largo. Al principio
pensé que era un descuido por parte del personal, luego me di cuenta que
actuaban de mala fe. Siempre tenía que reclamarles la bandeja, la cual me la
entregaban de malos modos y cuando les daba la gana. Ante esta tardanza casi
siempre la comida estaba fría.
A algunas
personas que trabajan en los hospitales no les gusta que controles lo que hacen
con los pacientes y les hagas preguntas. Pienso que es mi derecho y no deberían
molestarse. Muchas veces una actuación equivocada gracias a un familiar
vigilante de lo que hacen, no se lleva a cabo. La mayoría de las veces, en
lugar de darte las gracias, se ríen sin darle importancia de que un fallo puede
tener terribles consecuencias. Por esta razón, como yo vigilaba todo lo que hacían
con mi marido y preguntaba y me preocupaba, me di cuenta que les resultaba muy
incómoda. Siempre lo hice con respeto, sin exigencias y tuve que armarme de
muchísima paciencia. Viví situaciones de verdadera desesperación. Podía
haber perdido el control y nunca lo hice. En situaciones críticas de vida o
muerte, como fue mi caso, no hay que pedir y ser pasivo, hay que actuar con
contundencia, sin miedo y, si es preciso, pedir ayuda y cambiar al paciente de
centro. No hay que darles tantas oportunidades. Un mal profesional lo será
siempre.
A
continuación voy a relatar situaciones vividas de cuando estuvo ingresado mi
marido a consecuencia de los síntomas que le provocaron el maldito tratamiento
que le propuso el médico “oncólogo” JOAN MAUREL SANTASUSANA del Hospital Clínic de
Barcelona.
Mi
marido ingresó el 6 de Enero del 2002. Como tenía una colostomía su dieta era
con limitaciones. NUNCA cumplieron con la dieta que deberían proporcionarle.
Cuando me doy cuenta que lo hacen para fastidiarme me dirijo a la
“responsable” de planta NURIA por escrito y verbalmente, y le expongo
mis quejas, y me dice que no va a volver a ocurrir: mi sorpresa fue que las
auxiliares continúan actuando de la misma forma (dieta no adecuada, etc.). Por
segunda vez le pido una solución a este problema y le pido realice los trámites
oportunos para que trasladen a mi marido al Hospital Valle de Hebrón o a otro
centro. Me dice NURIA que sí, que no hay ningún problema, y en cuanto
al tema de la comida me dice que la traiga de mi casa. Pasan los días y en
vista de que no me decía nada le pregunto: “¿Cómo va el tema del
traslado?”. Contestándome déspotamente y sin ningún tipo de consideración:
“Usted aquí no va a decirnos lo que tenemos que hacer”.
Una
noche le dan a mi marido para cenar lechuga, hamburguesas y pastel. Ninguno de
estos tres alimentos podía comer y me pregunta decepcionado: “¿Qué hago?.
Tengo mucho apetito, si me lo como me va a sentar mal”. Le digo: “Voy a
traerte comida para que puedas comer”. Desgraciadamente los restaurantes
cercanos al Hospital estaban todos cerrados (luego supe que los domingos no
abren). Se lo digo a mi marido y entonces decide que como tiene mucho apetito se
comerá sólo las hamburguesas.
Las
hamburguesas (que parecían dos suelas de zapatos) le sentaron tan mal que pasó
muy mala noche. Pidió a la enfermera de noche una solución a su malestar y no
le hizo caso.
A
la mañana siguiente esta enfermera puso en antecedentes al “médico”
residente JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH, que era su médico, de que mi
marido había pasado mala noche. Este “médico” lo más normal es que le
preguntara al paciente: “¿Qué le ha pasado?”. Y entonces conjuntamente
decidan el tratamiento más adecuado. El “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH
sin visitar
a su paciente tomó la decisión arbitraria y sin el consentimiento de mi marido
de que se le inyectara 20 mgs. de morfina y, sin embargo, ya no tenía malestar,
ya que había digerido las hamburguesas. La noche de las dichosas hamburguesas
me fui a casa ya que estaba bien y al día siguiente a primera hora de la mañana
me dirigía como cada día al Hospital a visitar a mi marido. Fue muy doloroso
para mí ver en la situación en que se encontraba. Estaba sentado en un sillón
y su cuerpo era como un muñeco de trapo. Iba de un lado para otro. No se podía
sostener derecho, llorando, babeando y con palabras entrecortadas. Iba muy
despacio y con mucha dificultad para hablar. Con mucho esfuerzo por mi parte
pude entender que mi marido me decía que las auxiliares le obligaban a estar
sentado, que lo acostara, que tenía mucho sueño, y que además intentaba
sostener su cuerpo y que no podía. Pedí explicaciones y me dice una enfermera
que el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH le ha dicho que se le inyecte 20
mgs. de
morfina. Mi esposo estuvo inconsciente un día y medio.
Se
me olvidaba hacer un comentario importante. Mi marido le estuvo pidiendo varias
veces y le suplicaba con lágrimas en los ojos a una auxiliar de mañana de
nombre PACA que le acostara por favor en la cama que no podía más, y ésta
le contestaba riéndose que eran órdenes del “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH
y que
hasta nuevas órdenes él se iba a quedar sentado. Como pude yo misma le acosté.
Recuerdo el dolor tan profundo y la rabia que sentí en esos momentos. Mi dirigí
a esta auxiliar y le pedí que dijera como se llamaba: su nombre era PACA.
Los apellidos se negó a dármelos. De todas maneras la denuncia al departamento
de Atención al usuario se la puse (no me han contestado a esta denuncia). Me
dijo la responsable de este servicio (verbalmente) que a esta auxiliar la habían
apartado de esta planta. No la vi más.
Cuando
volvió en sí, me preguntó qué le había pasado. No entendía porque le habían
inyectado una droga tan dura por haber sufrido una indigestión. Mi marido por
su profesión estaba acostumbrado a tratar con personas de alto nivel, y en vez
de enfadarse con su médico por el daño que le habían provocado prefirió ser
diplomático y le dijo que seguro que había habido un malentendido. Aprovechó
la ocasión para pedirle al “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH que a partir de ahora no
le inyectara más esta droga, y que si algún día tuviera mucho dolor que
solamente le quitara el dolor y no le anulara la conciencia. El “doctor” JOSÉ
MARÍA DOMINGO DOMÉNECH le contestó que nunca más volvería a ocurrir. Pasaban los días, y mi
marido cada día leía menos (fue un lector voraz), y por esta razón me extrañaba.
Comía menos, orinaba poco, los intestinos también le fallaban, respiraba con
dificultad y tenía alucinaciones.
Me
niegan que le están inyectando morfina. Era un sábado y pido vea a mi marido
un médico de guardia, ya que las alucinaciones que tenía eran terribles y su
deterioro físico cada vez era más preocupante. Lo visita el “doctor”
IGNACIO
TOSCAS VIGARA, que era el que estaba de guardia este día, y me confirma que es
cierto que le están inyectando morfina. Le digo que no entiendo por qué le
inyectan esta droga si mi marido nunca se quejó de dolor. Me contestó este médico
que sí que es cierto, ya que se lo preguntó y le contestó que no tenía
dolor. Por esta razón y por el deterioro que le estaba provocando esta droga,
se la suspendió de inmediato. Nos comenta a mi hijo David y a mí que el
“doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH es un buen profesional, que cualquiera puede tener
un fallo, a lo que mi hijo David le contesta que este fallo le estaba costando
la vida a su padre. El “doctor” IGNACIO
TOSCAS VIGARA alza el tono de su voz
diciéndole:
“No te consiento que dudes de la profesionalidad de mi amigo el “doctor” JOSÉ
MARÍA DOMINGO DOMÉNECH.
Tú no sabes que tu padre está en uno de los hospitales más importantes de
España”. A lo que le contestó mi hijo: “Por lo que están haciendo con mi
padre dudo que estén los mejores profesionales”. La rabia y la ira se apoderó
de este “médico” (IGNACIO
TOSCAS VIGARA). Empezaron las amenazas: “Si sigues así
quien va a salir perdiendo es tu padre y voy a llamar a seguridad”. Le pedí a
mi hijo que me dejara sola con el médico. Decidí aún sabiendo que mi hijo tenía
razón no tocar el tema del pasado y pedí soluciones inmediatas.
Me
confirmó también que tampoco se le estaba pautando nada para paliar los síntomas
que le provocaba la morfina. Me dijo que había sido un descuido del
“doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH. Yo sabía que no era cierto porque cada día se lo
recordaba a la enfermera y ésta me decía el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH
ya lo
sabía. No entiendo como pude tener tanta paciencia y no haber pedido antes el
cambio de médico. El “doctor” IGNACIO
TOSCAS VIGARA me explica las pautas que iba a
seguir: suspender la morfina. Se le suministraría diuréticos, buscapina y
proteínas, ya que por falta de proteínas importantes se produce retención de
líquidos. Aquel día me fui a casa más tranquila. Al fin había sido escuchada
y a mi marido se le iban a tratar los síntomas que le provocó la morfina.
¿Qué
pretendía el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH con esta actuación? No tenía dolor y
cuando le inyectaron a mi marido morfina durante varios días, esta droga le
produjo unos síntomas que el sabía, y sin embargo hacia oídos sordos a mi
demanda. Yo en ningún momento pensé que la actuación por parte de este
maldito “médico” (JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH) a mi marido le podía haber costado la
vida como así fue. Pedí que los destituyeran y me designaron a la doctora
Cristina Nadal. Fue muy sincera conmigo, me confirmó también que a mi marido
el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH no le estaba tratando con medicación los síntomas
que le provocaba la morfina. Ella si empezó a tratarlo. Orinaba cada vez más y
más claro. Los intestinos empezaron a funcionarle y veía a mi marido un poco más
tranquilo. Pensé que cada día estaría mejor. Después de más de una semana
la bolsa de la colostomía se llenó de heces porque esta doctora sí mandó
que se le diera buscapina. Era vital esta medicación y sin embargo este
sujeto no quiso pautársela. Me contestó varias veces que el problema de los
intestinos tenía que resolverse solo y yo le aguanté todas sus decisiones e
impertinencias. Este personaje no tenía ningún interés por la vida de mi
marido. Su obsesión era la morfina. Ante mi negativa de que a mi marido se le
inyectara esta droga, este sujeto y otros pidieron ayuda al “Comité de Ética”,
y dicho comité decide que continúen inyectándole morfina. Supe de este
incidente por la historia clínica de mi esposo y también leí que mis hijos y
yo éramos personas muy agresivas. ¿Cómo pueden ser tan mentirosos y cínicos?
Mis hijos nunca habían hablado con el personal de este centro. David habló
solo una vez con el “doctor” IGNACIO
TOSCAS VIGARA, al igual que yo (y muy poco yo
he hablado con el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH, ya que éste me eludía).
Al
“Servicio de Atención al Usuario” puse dos denuncias: una al “doctor” IGNACIO
TOSCAS VIGARA y otra al “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH. No contestaron a estas denuncias, que
fueron tres en total (la tercera fue a la auxiliar PACA), y también
nadie se preocupó ni se pusieron en contacto conmigo para comprobar si era
cierto lo que yo estaba denunciando: que a mi marido le hacían un tratamiento
para morir, no para vivir. Lo de mi marido fue una muerte provocada y anunciada.
Nadie me hizo caso. No sabía ya más qué hacer. No entendía del porqué de
este interés en que se muriera, del porqué yo recibía malos tratos, y tanto
desprecio. Quizás tomaron represalias porque les había denunciado, pero yo
estaba defendiendo una vida. Cuando acuden al “Comité de Ética” es por la
denuncia que les hice.
Los
centros públicos tienen un sistema represivo, quieren que se les respete pero
ellos no te respetan. No se enteran o no quieren enterarse que la Sanidad Pública
no es gratuita. Que tenemos unos derechos. Yo prefiero la medicina privada: por
lo menos, por la cuenta que les tiene, te respetan y te hacen caso.
Mi
marido optó por la medicina pública porque ésta (me dijo) tiene más medios.
Es cierto, tienen más medios, y también poder, poder para decidir y hacer con
los pacientes lo que mejor les convenga. Los pacientes tienen que aceptar el
tratamiento que a ellos más les interese, no les contradigas ni des tu opinión,
ni denuncies a las oficinas de “Atención al Usuario”, ya que esta denuncia,
se la entregan al agresor, y este sujeto va a tomar represalias. No les importa
con esta actuación indigna poner en peligro la vida de una persona. Yo he
vivido esta experiencia. Un “doctor” llamado CARLOS MARGARIT CREIXELL
negó a
mi marido la oportunidad de que le hicieran un tratamiento preventivo diciendo
que no era necesario, y mi marido se lo creyó. Lo tuvo sin ningún tratamiento
9 meses.
En
un tac que le realizan al cabo de unos meses nos dice el “cirujano” CARLOS
MARGARIT CREIXELL que había tenido mala suerte. Tenía metástasis en el hígado. Fue un golpe
muy duro para nosotros, ya que mi marido pensó que si el “doctor” CARLOS
MARGARIT CREIXELL decidió que no era necesario tratamiento alguno era porque estaba curado.
Obviamente fue cuando hice una reclamación pidiendo explicaciones del porqué
no se le hizo un tratamiento preventivo. Como este “cirujano” tiene fama y
el oncólogo que trató con mi marido (doctor Tabernero) demostró mucho interés,
mi marido no quiso cambiar de centro. El doctor Tabernero trató a mi esposo con
mucha delicadeza. Es un excelente profesional. Se preocupa mucho por sus
pacientes. El doctor Tabernero no quiere defraudar a los enfermos. Un día vino
a la consulta con muletas. Tenía consulta con mi marido y era para decidir el
tratamiento y también empezar cuanto antes, y por esta razón y porque alguien
si le falló (CARLOS MARGARIT CREIXELL), él decidió dar prioridad a mi marido y hacer
el esfuerzo de visitarlo. Nunca nos ha fallado el doctor Tabernero del Servicio
de Oncología del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona. El “doctor” CARLOS
MARGARIT CREIXELL del mismo hospital nos volvió a fallar. Como hubo una buena respuesta al
tratamiento, el doctor Tabernero remitió a mi marido al cirujano para que se le
practicara una resección. Este “cirujano” “doctor” CARLOS MARGARIT
CREIXELL se
negó a realizar esta intervención. Nuevamente el doctor Tabernero no nos
abandonó. Nos entregó la documentación clínica y acudimos al Hospital Clínico.
Lo visitaron varios cirujanos. Todos coincidían que la intervención era
posible y que no entendían por qué el “doctor” CARLOS MARGARIT CREIXELL, todo un
personaje en el mundo de la cirugía, se negó a realizar dicha operación. No
podían entender, porque fue una represalia. Este personaje es un
peligro social. O tiene un grave problema mental o es un psicópata. La
intervención la realizó el doctor Fusté del Hospital Clínic. No hubo ningún
problema. El trato y la profesionalidad de este doctor fueron excelentes. Formarían
un buen equipo el doctor Fusté cirujano y el doctor Tabernero oncólogo. Si
falla uno de los dos equipos el perjudicado siempre será el paciente. Yo lo he
vivido por duplicado. En Hospital del Valle de Hebrón nos falló el cirujano y
en el Hospital Clínico nos falló el Servicio de Oncología.
Cuando
le hacían sabotaje con la comida a mi marido, como es natural, yo intentaba
buscar una solución de forma pacífica, hasta que un día la paciencia se acabó.
Dicen que su dieta ese día sería a base de líquidos (o sea agua sucia). No
entendíamos por qué le daban esta dieta tan radical, y me comunican que la
culpa era del ordenador. Ante tanta crueldad por parte del personal les exijo de
inmediato una cena adecuada a su dieta, de lo contrario iba a acudir a algún
medio de comunicación.
Al
poco rato le trajeron la cena (no estaba mal). De inmediato vino una auxiliar de
esta planta y me pidió perdón. Reconoció que a mi esposo q.e.p.d. le estaban
haciendo sabotaje con la comida. Yo también le dije: “Si he cometido algún
fallo te pido disculpas”. Mi marido me dijo que no tenía que pedir disculpas,
ya que no había hecho nada malo. Me decía “Demasiada paciencia tienes con
estas personas”, ya que él sabía que lo único que yo hacía era protegerlo
y velar por sus intereses aunque con esta actuación me ganara la antipatía por
parte de casi todo el personal.
Al
día siguiente de este incidente se me acerca el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH, y
con semblante burlón comenta: “Me dicen que usted tiene muchos problemas con
la comida”, y se marcha sonriendo. Al poco rato se acerca la “enfermera”
de tarde de nombre PEPA y me dice (en esos momentos estaba cambiando el
suero): “Señora no le dé tanta importancia a la comida” y señalándome la
botella del suero continúa diciendo: “porque lo más importante es esto”.
No les contesté a ninguno de los dos. Que el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH
me
dirigiera la palabra me pareció extraño porque siempre esquivaba a mi demanda
de querer saber en que situación se encontraba mi marido. Quizás tenía miedo
de que le preguntara qué fue lo que le produjo la taquicardia que a mi esposo
casi le cuesta la vida. Supe por una enfermera que fue porque el “doctor” JOSÉ
MARÍA DOMINGO DOMÉNECH “se equivocó” con la dosificación de un medicamento para hacerle subir la
tensión. Por su culpa estuvo mi marido con oxigeno durante quince días. ¡Nunca
quiso darme explicaciones de este percance! Al final decidí no insistir en el
tema y vivir el presente, pero este personaje conmigo era muy hostil. Por más
que yo intentaba un acercamiento a él, me lo impedía. Con mi marido la relación
parecía bastante buena. Ahora me doy cuenta que no era tan buena, de lo
contrario hubiera luchado por la vida de mi marido y sin embargo su lucha fue
poner todos los medios para provocarle su muerte.
Sin
tener dolor este médico mandó que se le inyectara morfina. Los síntomas que
le provoca esta droga no le da la gana de tratarlos. Deja a mi marido en una
total indefensión. Un sufrimiento que no hay palabras para describirlo. La
enfermera de la mañana le recordaba todos los días a este médico que los síntomas
cada vez eran más preocupantes. Ante tal desamparo decido que no se acerque a
mi marido y solicité cambio de médico. En parte me siento culpable de no haber
tomado esta decisión antes, pero como veía que la relación era cordial con mi
marido y este médico me lo tenía engañado, le decía que tuviera paciencia,
que no le estaban tratando los síntomas que tenía porque estaban estudiando
cual era el tratamiento más adecuado a su situación. Este sujeto le engañó.
Nadie estaba estudiando qué tratamiento darle. Lo estaban dejando morir
conscientemente, y esto solo tiene un nombre: es un asesinato. Si
alguien quiere morir porque quiere dejar de sufrir, estos sujetos no les
permiten morir en paz. Mi marido que no sufría, que quería vivir porque amaba
la vida y a muchas cosas más, decide este “médico” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH
(que no
era oncólogo entonces y si un pésimo profesional) que mi marido debe morir.
No
debemos permitir que ocurran estas barbaridades.
Da
la sensación que a personas como el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH
alguien les ha
dado licencia para matar.
La
doctora Cristina Nadal fue la que trató a mi esposo en lugar del “doctor” JOSÉ
MARÍA DOMINGO DOMÉNECH.
Esta doctora me confirmó que efectivamente no le estaban tratando los síntomas
y de inmediato trató a mi marido. Respondió bastante bien a los tratamientos,
pero me comunicó que debido a que estuvo tantos días sin tratamiento, su
organismo estaba muy deteriorado. De todas maneras nunca pierdes la esperanza:
orinaba más y más clarito, empezó a hacer deposiciones. Como tenía una
colostomía pedí a la “enfermera” PEPA (fue por la tarde) que por
favor le cambiara la bolsa. Observó que tenía esperanzas y me dice: “No et
facis il.lusions. D’aquesta el teu marit no se’n surt” (“No te hagas
ilusiones. De esta tu marido no sale”). Ahora entiendo porque estaba tan
segura esta “enfermera” PEPA de que mi marido de ésta no salía.
También entiendo por qué la mayoría de las veces las demandas judiciales no
prosperan.
Tuve
la mala suerte de que el día que demandé a estos sujetos estuviera de guardia
el “juez” ADOLFO FERNÁNDEZ OUBIÑA, así me dijeron varios abogados
y periodistas que he conocido. Es un personaje “pintoresco” y bastante
despiadado. Cuando interpongo la denuncia hacía muy pocas horas que mi marido
había fallecido. Con muy poca delicadeza me pregunta: “¿Qué enfermedad tenía
su marido?”, y al final me dice: “Señora, los médicos no pueden hacer
milagros, en vez de llevarlo al Hospital debería de haberlo llevado a ...”
(no recuerdo exactamente si dijo a “Lourdes”)”. De todas manera con este
comienzo estaba claro este “juez” de qué lado se decantaría. Mi demanda no
prosperó. Cita al “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH al cual denuncié, y ese mismo día
que presta declaración este “médico”, el “juez” ADOLFO FERNÁNDEZ OUBIÑA
archiva
mi demanda. Este “juez” no investiga si lo que declara el “doctor” JOSÉ
MARÍA DOMINGO DOMÉNECH es cierto. A mi no me cita para por lo menos tener la oportunidad de defenderme
de las graves acusaciones que me hacía.
Yo
a todo esto todavía no tenía abogado. Cual fue mi desagradable sorpresa, que
cuando se presenta mi abogado al juzgado le dicen que mi denuncia está
archivada. Le pido a mi abogado que haga todo lo posible para reabrirla, y
finalmente conseguimos que mi demanda prospere en la Audiencia Provincial. Pero
el gozo en un pozo, que la Audiencia Provincial lo devuelve otra vez al
“juez” ADOLFO FERNÁNDEZ OUBIÑA, y éste tipo vuelve a desestimarla. Mi abogado deriva
mi demanda otra vez a la Audiencia Provincial, y sin hacer ningún tipo de
investigación ésta desestima mi demanda, con lo cual ya no tengo ninguna
posibilidad de emprender acciones penales contra la persona que hizo todo lo
posible para que mi marido muriera.
Esta
resolución fue con fecha 3 de Marzo del 2003. No pienso rendirme. ¡PIDO
JUSTICIA! En estos momentos la demanda está por la vía administrativa.
Se me olvidaba algo muy importante que voy a relatar a continuación:
Mi esposo ingresa por primera
vez el 6 de Enero del 2002 y le dan el alta el 25 de este mismo mes y año. A
los siete días vuelve a ingresar por vía de urgencia. Este ingreso era
previsible porque mi marido no está ni mínimamente bien cuando le dan el alta.
Ingresa el 2 de Febrero y fallece el 22 de Febrero de 2002. En el primer ingreso
la esposa del compañero de habitación que tenía mi marido me cuenta que no
entiende como actúa el “doctor” JOAN
MAUREL SANTASUSANA
(“oncólogo”). Dice:
“Mi marido tenía mucha fiebre y no querían ingresármelo. Me dicen que tome
antitérmicos, pero una doctora discute con este médico y total que a mi marido
me lo ingresan”.
Nada
más ingresar su marido, sin hacerle ninguna analítica, con suma rapidez le
hacen varias transfusiones de sangre a través del suero y le administran
bastante medicación, y entonces la esposa del enfermo saca sus propias
conclusiones diciendo: “El “doctor” JOAN MAUREL SANTASUSANA me lo quería dejar
morir”, y me contaba varias anécdotas de este “médico”. Al poco tiempo
viene una psiquiatra y le dice que viene porque se lo ha pedido el servicio de
esta planta, porque le han dicho que necesita ayuda. Ella se presta a esta ayuda
y el psiquiatra le da unas pastillas para que se las tome. La señora ya no
habla. Las pastillas le producen mucho sueño y todo el día se lo pasa
durmiendo. Así día tras día. Su marido (el paciente) despierta a su mujer, le
dice que le necesita y que por favor deje de tomar esas pastillas. Al final esta
señora se da cuenta que lo que pretendían no era ayudarle sino ponerle un
sello en su boca para que no se supiera lo que ocurría en este Servicio de
Oncología.
A
mí obviamente no me hubieran convencido para que tomara medicación y en ningún
momento me lo propusieron, pero hicieron algo mucho más grave.
CONTINUARA
...
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