Represalias


En memoria de mi esposo Mario Gastón Ocampo Carrasco q.e.p.d.


El 22 de Febrero de 2002 perdí a mi recordado y querido esposo por culpa de unos malos médicos. A personajes como estos deberían retirarles la licencia, ya que son un peligro social. Creen que esta licencia les da derecho a decidir sobre la vida de sus pacientes. Con mi marido esto es lo que hicieron: decidieron que debía morir y a pesar de mi lucha de que no lo hicieran, consiguieron su propósito.

Deberían estar en prisión ya que han cometido el peor de los delitos y sin embargo siguen ejerciendo su profesión sin ningún tipo de remordimiento y además con el beneplácito del centro, el Hospital Clínic de Barcelona. Nunca olvidaré a las personas que hicieron sufrir y provocaron la muerte de mi marido, pero ellos tampoco se van a olvidar de mí. Siempre que yo pueda les seguiré recordando estos hechos.

Mi marido q.e.p.d. sufrió verdaderas torturas físicas y psicológicas. Mi hijo David y yo sufrimos amenazas y malos tratos por parte del servicio de Oncología.

Cuando pasaban con el carro de la comida las auxiliares pasaban de largo. Al principio pensé que era un descuido por parte del personal, luego me di cuenta que actuaban de mala fe. Siempre tenía que reclamarles la bandeja, la cual me la entregaban de malos modos y cuando les daba la gana. Ante esta tardanza casi siempre la comida estaba fría.

A algunas personas que trabajan en los hospitales no les gusta que controles lo que hacen con los pacientes y les hagas preguntas. Pienso que es mi derecho y no deberían molestarse. Muchas veces una actuación equivocada gracias a un familiar vigilante de lo que hacen, no se lleva a cabo. La mayoría de las veces, en lugar de darte las gracias, se ríen sin darle importancia de que un fallo puede tener terribles consecuencias. Por esta razón, como yo vigilaba todo lo que hacían con mi marido y preguntaba y me preocupaba, me di cuenta que les resultaba muy incómoda. Siempre lo hice con respeto, sin exigencias y tuve que armarme de muchísima paciencia. Viví situaciones de verdadera desesperación. Podía haber perdido el control y nunca lo hice. En situaciones críticas de vida o muerte, como fue mi caso, no hay que pedir y ser pasivo, hay que actuar con contundencia, sin miedo y, si es preciso, pedir ayuda y cambiar al paciente de centro. No hay que darles tantas oportunidades. Un mal profesional lo será siempre.

A continuación voy a relatar situaciones vividas de cuando estuvo ingresado mi marido a consecuencia de los síntomas que le provocaron el maldito tratamiento que le propuso el médico “oncólogo” JOAN MAUREL SANTASUSANA del Hospital Clínic de Barcelona.

Mi marido ingresó el 6 de Enero del 2002. Como tenía una colostomía su dieta era con limitaciones. NUNCA cumplieron con la dieta que deberían proporcionarle. Cuando me doy cuenta que lo hacen para fastidiarme me dirijo a la “responsable” de planta NURIA por escrito y verbalmente, y le expongo mis quejas, y me dice que no va a volver a ocurrir: mi sorpresa fue que las auxiliares continúan actuando de la misma forma (dieta no adecuada, etc.). Por segunda vez le pido una solución a este problema y le pido realice los trámites oportunos para que trasladen a mi marido al Hospital Valle de Hebrón o a otro centro. Me dice NURIA que sí, que no hay ningún problema, y en cuanto al tema de la comida me dice que la traiga de mi casa. Pasan los días y en vista de que no me decía nada le pregunto: “¿Cómo va el tema del traslado?”. Contestándome déspotamente y sin ningún tipo de consideración: “Usted aquí no va a decirnos lo que tenemos que hacer”.

Una noche le dan a mi marido para cenar lechuga, hamburguesas y pastel. Ninguno de estos tres alimentos podía comer y me pregunta decepcionado: “¿Qué hago?. Tengo mucho apetito, si me lo como me va a sentar mal”. Le digo: “Voy a traerte comida para que puedas comer”. Desgraciadamente los restaurantes cercanos al Hospital estaban todos cerrados (luego supe que los domingos no abren). Se lo digo a mi marido y entonces decide que como tiene mucho apetito se comerá sólo las hamburguesas.

Las hamburguesas (que parecían dos suelas de zapatos) le sentaron tan mal que pasó muy mala noche. Pidió a la enfermera de noche una solución a su malestar y no le hizo caso.

A la mañana siguiente esta enfermera puso en antecedentes al “médico” residente JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH, que era su médico, de que mi marido había pasado mala noche. Este “médico” lo más normal es que le preguntara al paciente: “¿Qué le ha pasado?”. Y entonces conjuntamente decidan el tratamiento más adecuado. El “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH sin visitar a su paciente tomó la decisión arbitraria y sin el consentimiento de mi marido de que se le inyectara 20 mgs. de morfina y, sin embargo, ya no tenía malestar, ya que había digerido las hamburguesas. La noche de las dichosas hamburguesas me fui a casa ya que estaba bien y al día siguiente a primera hora de la mañana me dirigía como cada día al Hospital a visitar a mi marido. Fue muy doloroso para mí ver en la situación en que se encontraba. Estaba sentado en un sillón y su cuerpo era como un muñeco de trapo. Iba de un lado para otro. No se podía sostener derecho, llorando, babeando y con palabras entrecortadas. Iba muy despacio y con mucha dificultad para hablar. Con mucho esfuerzo por mi parte pude entender que mi marido me decía que las auxiliares le obligaban a estar sentado, que lo acostara, que tenía mucho sueño, y que además intentaba sostener su cuerpo y que no podía. Pedí explicaciones y me dice una enfermera que el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH le ha dicho que se le inyecte 20 mgs. de morfina. Mi esposo estuvo inconsciente un día y medio.

Se me olvidaba hacer un comentario importante. Mi marido le estuvo pidiendo varias veces y le suplicaba con lágrimas en los ojos a una auxiliar de mañana de nombre PACA que le acostara por favor en la cama que no podía más, y ésta le contestaba riéndose que eran órdenes del “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH y que hasta nuevas órdenes él se iba a quedar sentado. Como pude yo misma le acosté. Recuerdo el dolor tan profundo y la rabia que sentí en esos momentos. Mi dirigí a esta auxiliar y le pedí que dijera como se llamaba: su nombre era PACA. Los apellidos se negó a dármelos. De todas maneras la denuncia al departamento de Atención al usuario se la puse (no me han contestado a esta denuncia). Me dijo la responsable de este servicio (verbalmente) que a esta auxiliar la habían apartado de esta planta. No la vi más.  

Cuando volvió en sí, me preguntó qué le había pasado. No entendía porque le habían inyectado una droga tan dura por haber sufrido una indigestión. Mi marido por su profesión estaba acostumbrado a tratar con personas de alto nivel, y en vez de enfadarse con su médico por el daño que le habían provocado prefirió ser diplomático y le dijo que seguro que había habido un malentendido. Aprovechó la ocasión para pedirle al “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH que a partir de ahora no le inyectara más esta droga, y que si algún día tuviera mucho dolor que solamente le quitara el dolor y no le anulara la conciencia. El “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH le contestó que nunca más volvería a ocurrir. Pasaban los días, y mi marido cada día leía menos (fue un lector voraz), y por esta razón me extrañaba. Comía menos, orinaba poco, los intestinos también le fallaban, respiraba con dificultad y tenía alucinaciones.  

Me niegan que le están inyectando morfina. Era un sábado y pido vea a mi marido un médico de guardia, ya que las alucinaciones que tenía eran terribles y su deterioro físico cada vez era más preocupante. Lo visita el “doctor” IGNACIO TOSCAS VIGARA, que era el que estaba de guardia este día, y me confirma que es cierto que le están inyectando morfina. Le digo que no entiendo por qué le inyectan esta droga si mi marido nunca se quejó de dolor. Me contestó este médico que sí que es cierto, ya que se lo preguntó y le contestó que no tenía dolor. Por esta razón y por el deterioro que le estaba provocando esta droga, se la suspendió de inmediato. Nos comenta a mi hijo David y a mí que el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH es un buen profesional, que cualquiera puede tener un fallo, a lo que mi hijo David le contesta que este fallo le estaba costando la vida a su padre. El “doctor” IGNACIO TOSCAS VIGARA alza el tono de su voz diciéndole: “No te consiento que dudes de la profesionalidad de mi amigo el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH. Tú no sabes que tu padre está en uno de los hospitales más importantes de España”. A lo que le contestó mi hijo: “Por lo que están haciendo con mi padre dudo que estén los mejores profesionales”. La rabia y la ira se apoderó de este “médico” (IGNACIO TOSCAS VIGARA). Empezaron las amenazas: “Si sigues así quien va a salir perdiendo es tu padre y voy a llamar a seguridad”. Le pedí a mi hijo que me dejara sola con el médico. Decidí aún sabiendo que mi hijo tenía razón no tocar el tema del pasado y pedí soluciones inmediatas.

Me confirmó también que tampoco se le estaba pautando nada para paliar los síntomas que le provocaba la morfina. Me dijo que había sido un descuido del “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH. Yo sabía que no era cierto porque cada día se lo recordaba a la enfermera y ésta me decía el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH ya lo sabía. No entiendo como pude tener tanta paciencia y no haber pedido antes el cambio de médico. El “doctor” IGNACIO TOSCAS VIGARA me explica las pautas que iba a seguir: suspender la morfina. Se le suministraría diuréticos, buscapina y proteínas, ya que por falta de proteínas importantes se produce retención de líquidos. Aquel día me fui a casa más tranquila. Al fin había sido escuchada y a mi marido se le iban a tratar los síntomas que le provocó la morfina.  

¿Qué pretendía el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH con esta actuación? No tenía dolor y cuando le inyectaron a mi marido morfina durante varios días, esta droga le produjo unos síntomas que el sabía, y sin embargo hacia oídos sordos a mi demanda. Yo en ningún momento pensé que la actuación por parte de este maldito “médico” (JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH) a mi marido le podía haber costado la vida como así fue. Pedí que los destituyeran y me designaron a la doctora Cristina Nadal. Fue muy sincera conmigo, me confirmó también que a mi marido el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH no le estaba tratando con medicación los síntomas que le provocaba la morfina. Ella si empezó a tratarlo. Orinaba cada vez más y más claro. Los intestinos empezaron a funcionarle y veía a mi marido un poco más tranquilo. Pensé que cada día estaría mejor. Después de más de una semana la bolsa de la colostomía se llenó de heces porque esta doctora sí mandó que se le diera buscapina. Era vital esta medicación y sin embargo este sujeto no quiso pautársela. Me contestó varias veces que el problema de los intestinos tenía que resolverse solo y yo le aguanté todas sus decisiones e impertinencias. Este personaje no tenía ningún interés por la vida de mi marido. Su obsesión era la morfina. Ante mi negativa de que a mi marido se le inyectara esta droga, este sujeto y otros pidieron ayuda al “Comité de Ética”, y dicho comité decide que continúen inyectándole morfina. Supe de este incidente por la historia clínica de mi esposo y también leí que mis hijos y yo éramos personas muy agresivas. ¿Cómo pueden ser tan mentirosos y cínicos? Mis hijos nunca habían hablado con el personal de este centro. David habló solo una vez con el “doctor” IGNACIO TOSCAS VIGARA, al igual que yo (y muy poco yo he hablado con el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH, ya que éste me eludía).

Al “Servicio de Atención al Usuario” puse dos denuncias: una al “doctor” IGNACIO TOSCAS VIGARA y otra al “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH. No contestaron a estas denuncias, que fueron tres en total (la tercera fue a la auxiliar PACA), y también nadie se preocupó ni se pusieron en contacto conmigo para comprobar si era cierto lo que yo estaba denunciando: que a mi marido le hacían un tratamiento para morir, no para vivir. Lo de mi marido fue una muerte provocada y anunciada. Nadie me hizo caso. No sabía ya más qué hacer. No entendía del porqué de este interés en que se muriera, del porqué yo recibía malos tratos, y tanto desprecio. Quizás tomaron represalias porque les había denunciado, pero yo estaba defendiendo una vida. Cuando acuden al “Comité de Ética” es por la denuncia que les hice.

Los centros públicos tienen un sistema represivo, quieren que se les respete pero ellos no te respetan. No se enteran o no quieren enterarse que la Sanidad Pública no es gratuita. Que tenemos unos derechos. Yo prefiero la medicina privada: por lo menos, por la cuenta que les tiene, te respetan y te hacen caso.

Mi marido optó por la medicina pública porque ésta (me dijo) tiene más medios. Es cierto, tienen más medios, y también poder, poder para decidir y hacer con los pacientes lo que mejor les convenga. Los pacientes tienen que aceptar el tratamiento que a ellos más les interese, no les contradigas ni des tu opinión, ni denuncies a las oficinas de “Atención al Usuario”, ya que esta denuncia, se la entregan al agresor, y este sujeto va a tomar represalias. No les importa con esta actuación indigna poner en peligro la vida de una persona. Yo he vivido esta experiencia. Un “doctor” llamado CARLOS MARGARIT CREIXELL negó a mi marido la oportunidad de que le hicieran un tratamiento preventivo diciendo que no era necesario, y mi marido se lo creyó. Lo tuvo sin ningún tratamiento 9 meses.

En un tac que le realizan al cabo de unos meses nos dice el “cirujano” CARLOS MARGARIT CREIXELL que había tenido mala suerte. Tenía metástasis en el hígado. Fue un golpe muy duro para nosotros, ya que mi marido pensó que si el “doctor” CARLOS MARGARIT CREIXELL decidió que no era necesario tratamiento alguno era porque estaba curado. Obviamente fue cuando hice una reclamación pidiendo explicaciones del porqué no se le hizo un tratamiento preventivo. Como este “cirujano” tiene fama y el oncólogo que trató con mi marido (doctor Tabernero) demostró mucho interés, mi marido no quiso cambiar de centro. El doctor Tabernero trató a mi esposo con mucha delicadeza. Es un excelente profesional. Se preocupa mucho por sus pacientes. El doctor Tabernero no quiere defraudar a los enfermos. Un día vino a la consulta con muletas. Tenía consulta con mi marido y era para decidir el tratamiento y también empezar cuanto antes, y por esta razón y porque alguien si le falló (CARLOS MARGARIT CREIXELL), él decidió dar prioridad a mi marido y hacer el esfuerzo de visitarlo. Nunca nos ha fallado el doctor Tabernero del Servicio de Oncología del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona. El “doctor” CARLOS MARGARIT CREIXELL del mismo hospital nos volvió a fallar. Como hubo una buena respuesta al tratamiento, el doctor Tabernero remitió a mi marido al cirujano para que se le practicara una resección. Este “cirujano” “doctor” CARLOS MARGARIT CREIXELL se negó a realizar esta intervención. Nuevamente el doctor Tabernero no nos abandonó. Nos entregó la documentación clínica y acudimos al Hospital Clínico. Lo visitaron varios cirujanos. Todos coincidían que la intervención era posible y que no entendían por qué el “doctor” CARLOS MARGARIT CREIXELL, todo un personaje en el mundo de la cirugía, se negó a realizar dicha operación. No podían entender, porque fue una represalia. Este personaje es un peligro social. O tiene un grave problema mental o es un psicópata. La intervención la realizó el doctor Fusté del Hospital Clínic. No hubo ningún problema. El trato y la profesionalidad de este doctor fueron excelentes. Formarían un buen equipo el doctor Fusté cirujano y el doctor Tabernero oncólogo. Si falla uno de los dos equipos el perjudicado siempre será el paciente. Yo lo he vivido por duplicado. En Hospital del Valle de Hebrón nos falló el cirujano y en el Hospital Clínico nos falló el Servicio de Oncología.  

Cuando le hacían sabotaje con la comida a mi marido, como es natural, yo intentaba buscar una solución de forma pacífica, hasta que un día la paciencia se acabó. Dicen que su dieta ese día sería a base de líquidos (o sea agua sucia). No entendíamos por qué le daban esta dieta tan radical, y me comunican que la culpa era del ordenador. Ante tanta crueldad por parte del personal les exijo de inmediato una cena adecuada a su dieta, de lo contrario iba a acudir a algún medio de comunicación.

Al poco rato le trajeron la cena (no estaba mal). De inmediato vino una auxiliar de esta planta y me pidió perdón. Reconoció que a mi esposo q.e.p.d. le estaban haciendo sabotaje con la comida. Yo también le dije: “Si he cometido algún fallo te pido disculpas”. Mi marido me dijo que no tenía que pedir disculpas, ya que no había hecho nada malo. Me decía “Demasiada paciencia tienes con estas personas”, ya que él sabía que lo único que yo hacía era protegerlo y velar por sus intereses aunque con esta actuación me ganara la antipatía por parte de casi todo el personal.

Al día siguiente de este incidente se me acerca el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH, y con semblante burlón comenta: “Me dicen que usted tiene muchos problemas con la comida”, y se marcha sonriendo. Al poco rato se acerca la “enfermera” de tarde de nombre PEPA y me dice (en esos momentos estaba cambiando el suero): “Señora no le dé tanta importancia a la comida” y señalándome la botella del suero continúa diciendo: “porque lo más importante es esto”. No les contesté a ninguno de los dos. Que el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH me dirigiera la palabra me pareció extraño porque siempre esquivaba a mi demanda de querer saber en que situación se encontraba mi marido. Quizás tenía miedo de que le preguntara qué fue lo que le produjo la taquicardia que a mi esposo casi le cuesta la vida. Supe por una enfermera que fue porque el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH “se equivocó” con la dosificación de un medicamento para hacerle subir la tensión. Por su culpa estuvo mi marido con oxigeno durante quince días. ¡Nunca quiso darme explicaciones de este percance! Al final decidí no insistir en el tema y vivir el presente, pero este personaje conmigo era muy hostil. Por más que yo intentaba un acercamiento a él, me lo impedía. Con mi marido la relación parecía bastante buena. Ahora me doy cuenta que no era tan buena, de lo contrario hubiera luchado por la vida de mi marido y sin embargo su lucha fue poner todos los medios para provocarle su muerte.

Sin tener dolor este médico mandó que se le inyectara morfina. Los síntomas que le provoca esta droga no le da la gana de tratarlos. Deja a mi marido en una total indefensión. Un sufrimiento que no hay palabras para describirlo. La enfermera de la mañana le recordaba todos los días a este médico que los síntomas cada vez eran más preocupantes. Ante tal desamparo decido que no se acerque a mi marido y solicité cambio de médico. En parte me siento culpable de no haber tomado esta decisión antes, pero como veía que la relación era cordial con mi marido y este médico me lo tenía engañado, le decía que tuviera paciencia, que no le estaban tratando los síntomas que tenía porque estaban estudiando cual era el tratamiento más adecuado a su situación. Este sujeto le engañó. Nadie estaba estudiando qué tratamiento darle. Lo estaban dejando morir conscientemente, y esto solo tiene un nombre: es un asesinato. Si alguien quiere morir porque quiere dejar de sufrir, estos sujetos no les permiten morir en paz. Mi marido que no sufría, que quería vivir porque amaba la vida y a muchas cosas más, decide este “médico” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH (que no era oncólogo entonces y si un pésimo profesional) que mi marido debe morir.

No debemos permitir que ocurran estas barbaridades.

Da la sensación que a personas como el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH alguien les ha dado licencia para matar.

La doctora Cristina Nadal fue la que trató a mi esposo en lugar del “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH. Esta doctora me confirmó que efectivamente no le estaban tratando los síntomas y de inmediato trató a mi marido. Respondió bastante bien a los tratamientos, pero me comunicó que debido a que estuvo tantos días sin tratamiento, su organismo estaba muy deteriorado. De todas maneras nunca pierdes la esperanza: orinaba más y más clarito, empezó a hacer deposiciones. Como tenía una colostomía pedí a la “enfermera” PEPA (fue por la tarde) que por favor le cambiara la bolsa. Observó que tenía esperanzas y me dice: “No et facis il.lusions. D’aquesta el teu marit no se’n surt” (“No te hagas ilusiones. De esta tu marido no sale”). Ahora entiendo porque estaba tan segura esta “enfermera” PEPA de que mi marido de ésta no salía. También entiendo por qué la mayoría de las veces las demandas judiciales no prosperan.

 

Tuve la mala suerte de que el día que demandé a estos sujetos estuviera de guardia el “juez” ADOLFO FERNÁNDEZ OUBIÑA, así me dijeron varios abogados y periodistas que he conocido. Es un personaje “pintoresco” y bastante despiadado. Cuando interpongo la denuncia hacía muy pocas horas que mi marido había fallecido. Con muy poca delicadeza me pregunta: “¿Qué enfermedad tenía su marido?”, y al final me dice: “Señora, los médicos no pueden hacer milagros, en vez de llevarlo al Hospital debería de haberlo llevado a ...” (no recuerdo exactamente si dijo a “Lourdes”)”. De todas manera con este comienzo estaba claro este “juez” de qué lado se decantaría. Mi demanda no prosperó. Cita al “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH al cual denuncié, y ese mismo día que presta declaración este “médico”, el “juez” ADOLFO FERNÁNDEZ OUBIÑA archiva mi demanda. Este “juez” no investiga si lo que declara el “doctor” JOSÉ MARÍA DOMINGO DOMÉNECH es cierto. A mi no me cita para por lo menos tener la oportunidad de defenderme de las graves acusaciones que me hacía.

Yo a todo esto todavía no tenía abogado. Cual fue mi desagradable sorpresa, que cuando se presenta mi abogado al juzgado le dicen que mi denuncia está archivada. Le pido a mi abogado que haga todo lo posible para reabrirla, y finalmente conseguimos que mi demanda prospere en la Audiencia Provincial. Pero el gozo en un pozo, que la Audiencia Provincial lo devuelve otra vez al “juez” ADOLFO FERNÁNDEZ OUBIÑA, y éste tipo vuelve a desestimarla. Mi abogado deriva mi demanda otra vez a la Audiencia Provincial, y sin hacer ningún tipo de investigación ésta desestima mi demanda, con lo cual ya no tengo ninguna posibilidad de emprender acciones penales contra la persona que hizo todo lo posible para que mi marido muriera.

Esta resolución fue con fecha 3 de Marzo del 2003. No pienso rendirme. ¡PIDO JUSTICIA! En estos momentos la demanda está por la vía administrativa. Se me olvidaba algo muy importante que voy a relatar a continuación:

Mi esposo ingresa por primera vez el 6 de Enero del 2002 y le dan el alta el 25 de este mismo mes y año. A los siete días vuelve a ingresar por vía de urgencia. Este ingreso era previsible porque mi marido no está ni mínimamente bien cuando le dan el alta. Ingresa el 2 de Febrero y fallece el 22 de Febrero de 2002. En el primer ingreso la esposa del compañero de habitación que tenía mi marido me cuenta que no entiende como actúa el “doctor” JOAN MAUREL SANTASUSANA (“oncólogo”). Dice: “Mi marido tenía mucha fiebre y no querían ingresármelo. Me dicen que tome antitérmicos, pero una doctora discute con este médico y total que a mi marido me lo ingresan”.

Nada más ingresar su marido, sin hacerle ninguna analítica, con suma rapidez le hacen varias transfusiones de sangre a través del suero y le administran bastante medicación, y entonces la esposa del enfermo saca sus propias conclusiones diciendo: “El “doctor” JOAN MAUREL SANTASUSANA me lo quería dejar morir”, y me contaba varias anécdotas de este “médico”. Al poco tiempo viene una psiquiatra y le dice que viene porque se lo ha pedido el servicio de esta planta, porque le han dicho que necesita ayuda. Ella se presta a esta ayuda y el psiquiatra le da unas pastillas para que se las tome. La señora ya no habla. Las pastillas le producen mucho sueño y todo el día se lo pasa durmiendo. Así día tras día. Su marido (el paciente) despierta a su mujer, le dice que le necesita y que por favor deje de tomar esas pastillas. Al final esta señora se da cuenta que lo que pretendían no era ayudarle sino ponerle un sello en su boca para que no se supiera lo que ocurría en este Servicio de Oncología.

A mí obviamente no me hubieran convencido para que tomara medicación y en ningún momento me lo propusieron, pero hicieron algo mucho más grave.

 

CONTINUARA ...